APOLOGIA DEL AFICHE
 

Durante muchos años, el afiche fue considerado en la Unión Soviética, como una forma de divulgar las ideas comunistas. La Perestroika aportó el soplo de libertad que se necesitaba. Y entonces ocurrió lo previsible: el afiche pasó a la oposición.

En el momento actual está activamente empeñado en defenestrar a los dioses a quienes antes servía. Pero no es éste el único cambio notable: Ilegó también la hora de la diversidad estilística. El afiche soviético tiene, fundamentalmente, un cariz político.

Sería difícil esperar de los artistas soviéticos, que en esta época de profunda crisis pergeñaran obras sobre la utilidad de los jugos de fruta, por ejemplo. El afiche refleja el alto grado de politización de la sociedad, y está en una realidad imposible de omitir; pero el tema político no es el único abordado por esta forma de expresión artística.

En la polifonía estilística se pueden destacar dos tendencias muy marcadas: la primera es una revolucionaria derivación del afiche oficial de los años setenta -el arte de la máscara seria-, al que no le falta el espíritu cívico y censor. los artistas usan los trucos clásicos tradicionales: un dibujo definido, colores brillan tes, y slogans llamativos. De ejemplo pueden servir las obras del mentor del afiche soviético Efim Tsvik, así como las de los pintores jóvenes Valentín y Víctor Dorojov, y las de Leonid Savoloka.

La segunda corriente es el arte de la paradoja histórica, en el cual la forma es importante pero secundaria con respecto al significado profundo.

En esta línea están actuando los pintores del grupo moscovita "Platskart": Andrei Kolosov, Yuri Bokser, Aleksandr Chantsev, Valeria Kovrigina. En ellos no está presente el tono censor del maestro educando a las masas populares; este arte está más bien llamado a despertar la risa. El afiche se construye sobre la base de la compaginación de "lo alto" y "lo bajo"; las imágenes de la pintura de Leonardo y los retratos de los líderes políticos; lo alegre, lo tonto y lo profundo. los artistas experimentan con foto collages y rebuscados dibujos a lápiz. Para los autores no existen las imágenes prohibidas; a menudo el afiche es un ejemplo de estetizada inmoralidad, como en el caso de "Apoteosis Fálica" de Mijail Bruni. El afiche llegó a ser un carnaval, una bufonada que tiene sus analogías en otras expresiones artísticas; por ejemplo el famoso compositor de música rock Sergei Kuriojin hacía aparecer en escena una vaca durante la interpretación de un aria de su ópera.

El afiche irónico contemporáneo no surgió repentinamente, en un lugar vacío. Está basado en una tradición de bufonadas en el teatro popular, en el afiche satírico de la época post-revolucionaria. Sigue los temas de la literatura irónica del recientemente fallecido escritor ruso Benedict Erofeev, y el duro sarcasmo político del emigrante y disidente Alexandr Zinoviev. Como precursor del afiche contemporáneo sirvió el Sotsart, corriente ésta que es paralela al pop-art de occidente, pero que no refleja los valores de la sociedad de consumo sino el reinado de la ideología comunista.

Las relaciones entre afiche y Sotsart son complicadas. los más destacados maestros percibían muy suspicazmente en el Sotsart el idioma formal de afiche oficial. La abundancia del color rojo, el politizado falso espíritu de grandeza. Sotsart fue en realidad un "Afiche al revés". Su interpretación irónica descubría toda la idiotez y lo absurdo del arte oficial.

Más tarde con la llegada de la Perestroika, el Sotsart se legalizó y se convirtió en la fuente de inspiración para un renovado arte del afiche. Con ciertas reservas se podría afirmar que el afiche es el Sotsart contemporáneo, pero no heredó su fuerza conceptual. El Sotsart fue un arte para elegidos, una fiesta para los iniciados. El afiche, en cambio, es una fiesta para todos; él abrió las fronteras del Sotsart y simultánemente simplificó sus propuestas.

La colección de afiches presentada al público argentino está formada por trabajos originales de sus autores. La exposición la integran obras de artistas pertenecientes a los tres centros de afichistas de la Unión Soviética: Moscú, Leningrado y Rostov-Don. Cada escuela tiene su rostro y sus líderes. Los Leningra denses son sutilmente contenidos, evitan la conmoción y apelan a textos breves. Los pintores de la ciudad Rostov-Don resuelven tareas decorativas, mientras lo característico de los moscovitas es la variedad de efectos empleados. Georgui Kamenski es concientemente descuidado desde el punto de vista artístico; las imágenes de Alexandr Chantsev están influenciadas por la ilustración de cuentos infantiles; Yuri Bokser maneja perfectamente la paradoja. Andrei Kolosov es un insuperable maestro de "fotocollage" y un filósofo: un verdadero humanista. Yuri Balashov trata de hacer del afiche un tapiz. La liviandad de los colores pastel que emplea Igor Prokofiev, de Kiev, y la obra de Anatoli Taner - "El fantasma recorre Europa"estilísticamente están próximos a los afiches alemanes.

Y, por último, la más interesante contradicción: en la Unión Soviética existen dos tipos de afiches: primero, la producción poligráfica de tirada industrial, lo que se llama afiche en todo el mundo. Es de mala calidad, muy barato y, por lo general, de un contenido banal. Su alternativa es el así llamado "afiche original". Son obras más agudas. Debido a toda una red de causas, entre las que podemos citar los prejuicios ideológicos y la falta de mercado, todas estas obras existen en un solo y único ejemplar. Es un nuevo tipo de plástica, inventado involuntariamente en la U.R.S.S. por imperio de las circunstancias. Si estos originales se imprimieran, perderían automáticamente todas sus cualidades artísticas, puesto que se usaría un mal papel y una peor tinta. Podríamos compararlo al encanto de la fruta prohibida convirtiéndose en cruda realidad.

 
Ludmila Lunina
 
Estudio de afiches Kvadrat. Moscú.