PERESTROIKA
  Arte Soviético en un tiempo de cambio
 

Pareciera que el arte moscovita de hoy vive vidas paralelas. Coexisten el ortodoxo realismo socialista, el academicismo nacionalista, el "arte de salón", toda la variedad del arte contemporáneo,desde lo más radical hasta lo más moderado. Muy a menudo estas corrientes paralelas se desconocen entre sí, o no tienen deseos de conocerse.

La selección realizada en Moscú por las Sras.Menena Mosto y Teresa Rojas refleja adecuadamente esta situación. Hoy, en la hirviente olla de la vida artística moscovita coexisten pinturas provenientes de distintas regiones del país: Tigran Agadzanian vive en Armenia; Gela Patiashvili, en Georgia; Oleg Golosii es el representante de una interesante y muy notable escuela ucraniana; a todos ellos Moscú los magnetiza. Al mismo tiempo coexisten distintas épocas: por una parte, el arte verdaderamente contemporáneo y, por otra, la pintura propia del final del siglo XIX y principios del XX. Moscú sigue siendo el centro.

Los caminos que llevaron a los artistas al escenario moscovita fueron diversos: antes de realizarse en su vocación artística debieron recibirse de arquitectos, ingenieros, diseñadores, etc., ya que la escuela oficial sólo atendía al realismo socialista. Es por esta formación que sus personalidades pudieron adaptarse
a distintos estilos y aún a diferentes épocas dentro de la pintura. Algunos toman esto con absoluta seriedad y, otros, con una ligera y cínica ironía.

El arte contemporáneo en la U.R.S.S. no ha asimilado aún los postulados modernistas de comienzos de siglo, de manera que actualmente esas corrientes coexisten con el post modernismo actual. Esta situación marca al arte ruso de hoy. Abrió caminos al mundo en muchos aspectos durante el comienzo del siglo XX. Más tarde, al recibir, a su vez, la influencia foránea, y también como consecuencia lógica de su propio desarrollo, fue encerrado en los marcos del realismo socialista.

La vanguardia de las décadas del 10y del 20 quedó en la memoria como una perdida o insuficientemente vivida juventud. A partir del retorno a esta juventud perdida, comenzó en los años 60 el movimiento del arte no oficial. Para la mayoría de los pintores soviéticos, los conceptos de la pintura tradicional queda ron como axiomas. Incluso, al alejarse de la figuración, (a la que los obligaba la ideología imperante), estos artistas siguieron y siguen aún trabajando como pintores en el sentido estricto del término.

La exposición ofrecida hoy al público argentino refleja, por un lado, a los pintores que se encuentran fuera de la línea conceptual del arte, y que eligieron un camino exclusivamente plástico; por el otro, a los artistas que están inscriptos en el conceptualismo. Estos lo hacen a partir de un realismo al que transforman para ponerlo a disposición de su idea, o por medio de la representación del objeto conceptual dentro del marco. Tal el caso Kertselli y Djikia, quienes presentan una gráfica exagerada, aumentada. Patiashvilli elabora un cuadro que por si sólo es en realidad un objeto.

Para comprender el arte soviético contemporáneo puede servir como referencia la pintura rusa de comienzos del siglo XX. Esta pintura dejó como herencia artística dos corrientes principales, que tenían destinos distintos. Cada pintor de esa época se identifica con una de esas dos corrientes. Una de éstas, la pintura abstracta de Malevich por un lado, y de Kandinsky por el otro, -totalmente prohibidas durante muchos años- resurgió en los años 60 y se conserva en la obra de muchos artistas contemporáneos. Se entiende el cuadro como la imagen de un mundo superior que es paralelo al real. Este arte es profundamente serio, no conoce la ironía y tiende hacia las escalas superiores. No es casual que Igor Kashliak, quien define así su postura sea ingeniero graduado en aparatos espaciales. Y en la base de todo esto, está la necesidad de la fe, y la fe en la posibilidad de acercarse a lo absoluto: la fe que ha dado a luz los cambios artísticos en los fundamentos del modernismo en todo el mundo, la fe, todavía vigente y actual para toda una pléyade de artistas moscovitas. Sus cuadros no siempre son totalmente abstractos: coexisten o se insinúan elementos figurativos, y, a veces, complicados y ocultos fragmentos. La pintura abstracta actual a menudo recurre a los signos, a figuras misteriosas, a asociaciones con el surrealismo y la metafísica de los años 30. Que alguno de estos elementos estén presentes en la obra de Yuri Isossimov, tampoco es una casualidad.

Uno de los representantes más brillantes de esta corriente es Pavel Nikiforov, egresado de varias escuelas de arte, y que, sin embargo, tuvo que pasar muchos años viviendo en Moscú, aún en invierno, en edificios semidestruidos. Es notable que, a pesar del carácter geométrico de sus abstracciones, a pesar de su visión constructiva del universo, su creación sea contraria al espíritu de Malevich. Incluso escribió un manifiesto contra la dureza y el estaticismo de Malevich.

Los cuadros de Nikiforov tienen más puntos en común con las abstracciones de Kandinsky, y aún más con las de Miró. Los símbolos del cristianismo y las asociaciones rítmicas con la música, tienen una gran importancia para este pintor.

La otra corriente es la del primitivismo, la del arte autodidacta. Esta línea del arte soviético no fue directamente prohibida, pero tampoco reconocida oficialmente. Estas obras de formas simplificadas, primitivas, incompletas desde el punto de vista de la estética del realismo socialista, se convirtieron en el el perío do que abarca desde los años 30 hasta mediados de los años 80, en un símbolo de oposición artística y espiritual al régimen. Esta oposición llegó a ser el signo de una libre expresión individual, y el alegre espíritu carnavalesca, (característico de las experiencias de los primitivistas de comienzos del siglo), se encontraba cada vez más aisladamente. Por el contrario, se hizo más frecuente un naif "triste" o aún un naif "desesperanzado".

Lo orgánico es el mayor rasgo de los cuadros de Sveta Vickers, realizados con largas y generosas pinceladas. Todos sus personajes, (flores, peces, "hebreo sobre un pedazo de hielo"), pertenecen al mundo de lo vivo. Su ingenuidad es el rasgo de un verdadero y profundo sentimiento de lo vivido. Incluso lee el mito de la Odisea con mirada infantil, devolviendo así a la gran cultura antigua su ingenua sabiduría.

Los sentimientos que despierta la gráfica y la pintura de Alexandr Djikia son mucho más complicados y fuertes. La primitividad de sus hombrecitos impacta fuertemente. Sus textos no elevan el espíritu: se diría que son una visión irónica y oscura de la vida. En la creatividad de Djikia (un pintor muy joven pero ya conocido), se han entrelazado el expresionismo y el humor negro que surgieron en los primeros años de la dictadura. Fue entonces cuando un clásico de esta tradición, el poeta Daniil Jarms, escribía sus poemas y cuentos sobre las viejas que se arrojan por las ventanas, sobre gente que se mata a pepinazos, sobre el "hombre pelirrojo que no tenía ojos ni orejas". El arte de Djikia por supuesto no está directamente relacionado con los horrores de la realidad soviética de los años 30. El simplemente despierta estas asociaciones por el uso simbólico de los uniformes militares, de las cárceles; pero sus protagonistas son al mismo tiempo, y en realidad, gente común, que vive en un espacio desnudo, que se enfrenta con su propia existencia. De aquí surgen estas asociaciones con la filosofía existencialista, con la poesía y el teatro ruso del absurdo. Los cuadros y gráficos de Djikia siempre contienen el mensaje de estos textos.

El grotesco lo presenta también Nina Kertselli, que en sus obras refleja dureza existencial en la imagen, en las siluetas vacías de las figuras. Pero sus cuadros, pese a su gran tamaño, son de cámara: más líricos. Además, este mundo creado por ella y al que ella misma pertenece, es un mundo cuyo destino comparte.

Si Djikia ha elaborado su propio, bien reconocido y original estilo gráfico, Igor Moniava más bien apela -aunque no literalmente- a la estilística del oficioso realismo socialista de los años 30, agudizándolo de una manera grotesca, y retaceándole todas las posibilidades expresivas. Se puede afirmar que él decora el método que sirvió de base para el Sotsart, es decir la corriente más importante en el arte soviético no oficial. El método, que consiste en el hundimiento de las formas de la producción artística soviética, contiene el objetivo de llegar a destruirlas desde el interior del artista y dar a luz así una forma liberada y nueva, totalmente independiente. El Sotsart y sus jóvenes seguidores que compatibilizan este arte conceptualista con la tradicional creatividad plástica, se interesan por los símbolos soviéticos, ridiculizándolos. La actual generalizada moda por lo soviético surgió gracias a Sotsart, precisamente.

El juego con varios estilos es un rasgo de postmodernismo, para el cual nada es sagrado. El Sotsart se ríe del realismo socialista. Los jóvenes artistas postmodernistas toman y tratan todo muy a la distancia. Las composiciones de Ivan Koleniskov a menudo están construidas con un juego infantil "rompecabezas"
y contienen muchos fragmentos repetidos; las mangas del almirante, las tortas piramidales, los leones, unicornios, relojes, etc.; son signos de su propio género, no tan determinados o definidos filosóficamente como los de los artistas de orientación modernista, como Pavel Nikiforov. Ese es un juego delicado, una especie de teatro. Puede ser una pseudo ilustración de "Alicia en el país de las maravillas".

Una importante escuela de pintura postmodernista expresiva se formó actualmente en Ucrania, en particular en Kiev. Si buscamos algunas analogías en el arte mundial, las encontraríamos sin duda en el transvanguardismo italiano. Esta línea está representada por Oleg Galas¡¡, uno de sus exponentes más interesantes. Sus cuadros están saturados de un complicado programa literario, que de ninguna manera puede ser expresado hasta el fin. En su obra hay una mitología individual y la combinación de varios mitos arcaicos ,los arquetipos culturales, fragmentos de cuentos infantiles, y hasta fragmentos eróticos. Por lo general, sus obras son de grandes dimensiones, pero cada una de ellas puede estar formada por varias composiciones más pequeñas entrelazadas entre sí. Exhiben una alta energía expresiva y un contenido irracional.

Así, el arte da la espalda al realismo socialista oficial y encuentra refugio en la cultura de otro orden, que lo conduce al contexto del desarrollo artístico mundial.

 
Ekaterina Diogot
 
Crítica de arte - Colaboradora científica de la Galería Tetriakov.
Sergei Markov, María E. Garcés de Mosto, Aleksei Tarkhanov, Ekaterina Diogot y Teresa Rojas.