EL ARTE AL SERVICIO DE LA POLITICA
 

Mucho antes de la revolución de 1917, en 1905, Lenin declaró que la libertad del pintor como tal no existe, y que el arte siempre está al servicio de la política. Esta consideración se hizo evidente con el tiempo: el arte en la URSS tuvo que ser necesariamente dependiente.

Las artes plásticas soviéticas en la década del 20 tuvieron, sin embargo, una relativa libertad de expresión. El partido gobernante todavía no contaba con fuerzas ni posibilidades suficientes para poner a la pintura bajo un estricto control. Para el partido fue más importante lograr una victoria en la guerra civil, eliminara los enemigos, e implantar su propia política económica.

En esa época trabajaban en el país tanto los artistas tradicionalistas, como los fundadores de la vanguardia rusa: Malevich, Tatlin, Filonov, aunque algunos, como Chagall y Kandinsky, prefirieron emigrar. Hasta los años 30 existían y discutían entre sí, las agrupaciones artísticas más diversas: desde "los realistas", agrupados en A.P.R.R. (Asociación de pintores de Rusia revolucionaria), que luchaban de una manera agresiva por "el arte proletario", y los pintores más bien europeos, la Sociedad de los Artistas Plásticos O.S.T., hasta una corriente elitista, religiosa y filosófica: "Makovka".

En abril de 1932, apareció en la prensa la resolución del Comité Central del Partido "sobre la reestructuración (Perestroika) de las agrupaciones literarias y artísticas". Los pintores, escritores y arquitectos recibieron la orden de unirse en las "Uniones Creativas', obedientes a la dictadura del partido. El "realismo socialista" fue, a partir de ahí, el único estilo autorizado. Este llegó a ser un simple cumplimiento de la manera realista del siglo XIX, aplicado a las siluetas socialistas. Fue ésta una época dura para los artistas por la presión ideológica del estado, a la que acompañaba el monopolio financiero. Se terminaron las inversiones privadas en la esfera del arte. Prevalecían los estilos oficiales; las tareas puramente plásticas pasaron a un segundo plano. Alguien dijo en aquel entonces que un pintor soviético necesitaba solamente tres pinturas: una para la gorra, otra para los gabanes, y la tercera para los borceguíes.

Dentro de estos marcos tan restringidos trabajaban sin embargo interesantes maestros: A. Deineka, Y Pimenov, A. Samojvalov. Tuvieron suerte, pues su visión del mundo no entraba en conflicto con los dogmas oficiales, mientras K. Malevich y A. Lentulov trataban en vano de adaptar su estilo a la "naturalidad" del realismo socialista, y P Filonov se vio obligado a trabajar en la clandestinidad. En las décadas del 30 y 40 se formó una cohorte de pintores oficiales soviéticos como A. Gerasimov y V. Serov, acostumbrados a orientarse según los dictados del estado, personificado en los gustos de Stalin y su círculo más cercano. La guerra y la victoria añadieron al panteón del realismo socialista los motivos nacionales, o más bien nacional-estatales. Terminada la guerra, volvieron al país aquellos pintores inmigrantes que creían ver el surgimiento de una super potencia, el renacimiento de una idea, y a Moscú como una nueva Roma. Para darse cuenta de la importancia de este movimiento es suficiente nombrar dos escultores muy conocidos en Europa y América: S. Konenkov y S. Erzia.

El estilo de post guerra es el estilo del triunfo. La mitología del realismo socialista enhebraba el retrato, la pintura batallista, los lienzos sobre la historia nacional, y todos los géneros cercanos al nuevo espíritu imperial.
En la década del 50 (esto coincide cronológicamente con la muerte de Stalin) en el monolítico arte soviético se produjo una grieta. La joven generación de pintores formada por N. Andronov, P Nikonov y V Popkov reemplazó al solemne barroco del arte stalinista, llamado el "estilo duro".

Su particularidad consistía en una paleta reducida, escenas y protagonistas sencillos, situaciones cotidianas. En aquella época estas obras ponían en duda no tanto el dogma del realismo socialista, sino que creaban un nuevo canon para éste. Más tarde, a sus discípulos les costó gran esfuerzo renunciara este nuevo canon. Los pintores de la década del 70 (N. Nesterova, T. Nazarenko, K. Nechitailo, 0. Bulgakova y A. Sitnikov) contrapusieron al contenido del "estilo duro" un espíritu carnavalesca. Teatro, fiesta, una cierta bufonada con un matiz de tristeza, llegaron a ser los temas más apreciados.

Para el arte oficial soviético ésto constituyó la primera generación de la pintura intelectual. En los años 70 tuvieron un cierto éxito los hiperrealistas que crearon excelentes trabajos, como si hubiesen sido sacados con cámara fotográfica, copiando la realidad socialista tan fielmente que producía rechazo. Los representantes de ésta corriente son: A. Volkov, E. Petrov, y E. Amaspiur.

En el ocaso de los años 50 aparecieron los primeros representantes de la línea no oficial en el arte soviético. Desde su primera generación, formada por D. Rabin, E. y L. Kropivnickie, B. Sveshnikov, y V. Sitnikov, hasta la más jóven, representada por Y. Sooster, E. Neizvestnyi, I. Kabakov, E. Bulatov, V. lankilevs ky cobraron una cierta esperanza con el enjuiciamiento a Stalin. Esta esperanza desapareció cuando el nuevo dirigente del País y del Partido, N. Kruschev, desató una campaña contra los abstraccionistas.

En realidad los artistas inconformistas tendían no solamente al obstraccionismo, sino también al expresionismo, al pop art, al arte cinético; aplicaban de una manera irónica los clichés del realismo socialista en un nuevo estilo inventado: el Sotsart. En los tiempos de Brehznev, el movimiento artístico no oficial incluía los más diversos maestros. A todos ellos los unía una aspiración: una verdadera libertad en el arte. De paso sea dicho, de los pintores no oficiales se ocupaba la KGB.

La situación cambió hacia el fin de la década del 80 con las reformas políticas de Gorbachov. El éxito triunfal del remate de Sotheby's en 1988 legalizó totalmente el arte inconformista. Espero que el Estado haya perdido de una vez y para siempre su monopolio sobre la verdad estética. Las leyes ideológicas van siendo reemplazadas por las leyes del mercado internacional, que también resultan ser estrictas. Vale la pena señalar que las exposiciones de artistas soviéticos -oficiales y no oficiales- que se llevan a cabo en varios países van creando una nueva imagen de la Unión Soviética y están al servicio de su nueva política.

 
Aleksei Tarkhanov
 
Crítico de arte de numerosas publicaciones y revistas especializadas. Moscú.